El maestro solía decir que uno podía ir tan deprisa como pudiese mientras fuese consciente de cada paso que diera. Es de hecho una forma simple de describir la fina línea que separa la prisa del desespero.
Si vamos deprisa solo hemos aumentado la velocidad y por tanto la exigencia de la mente por controlar cada acción. Pero si vamos desesperados entonces hemos perdido la capacidad de seguir con la mente nuestros movimientos. Esto deja claro que existe un límite, a partir del cual si intentamos dar más rapidez a la mente en el ejercicio del Yoga, deberíamos “multarnos cual guardia civil” pues “circular a exceso de velocidad produce accidentes”. Concretamente en la práctica de asanas, produce lesiones.
Aunque algunos de ustedes estén sonriendo ante el símil policiaco que me inventé en el párrafo anterior, la cosa es más seria de lo que parece. Les aclararé por qué.
Al principio, el debutante en la práctica de asanas tiene claro que se enfrenta a un ejercicio muy sofisticado con el cual puede obtener mucho beneficio o hacerse daño, según aplique correctamente, o no, las instrucciones del profesor.
Andando el tiempo llega la confianza y con ella la “falsa rapidez”. Los músculos se han tonificado, los tendones se han extendido y las articulaciones han ganado movilidad. Las asanas cuestan menos físicamente y hace tiempo que el practicante de nuestra historia no siente agotamiento al hacerlas. Entonces la mente empieza a correr.
Las secuencias de posturas van siendo cada vez mayores y, ¿por qué no?, la cabeza puede llegar a las tibias en paschimottanasana y las rodillas al suelo en baddhakonasana.
Este camino solo conduce a la inseguridad en la práctica. Según mi experiencia como profesor de yoga iyengar, la mayoría de las lesiones importantes que he visto entre mis alumnos han sido en segundo y tercer nivel y casi nunca en nivel principiante.
Por eso, el objetivo de este artículo ” El límite de la CONCENTRACION Mental en la Práctica” es que sean honestos con ustedes mismos en la práctica y permanezcan en cada asana el tiempo necesario (ni más ni menos) que su mente necesita para ejecutar con total presencia el ejercicio, según la exigencia de su nivel.
El Yoga es una carrera de fondo, no de velocidad. Por eso al pretender ajustarnos a un número de ejercicios o a un tiempo fijo, olvidamos el principio de equilibrio que sustenta esta disciplina.
Lo importante es que todos podamos darnos un abrazo en la línea de meta de los diez mil metros lisos. ¡Ánimo!
